Imagina haberte gastado cientos, miles de euros (no eches cuentas, hay cosas que es mejor no saber llegado cierto punto, créeme) en tu colección de libros y manga y no conservarla como se merece.
A diferencia de los formatos digitales, que van y vienen, el formato físico, bien cuidado, te permite conservar tus obras favoritas hasta el infinito y más allá. Y lo bueno es no es necesario convertirse en el archivista de un museo. Con unos pocos hábitos, tus tomos aguantarán décadas en perfecto estado. Todos ellos los encontrarás en esta guía.
1. Organiza los libros por tamaños, no al tuntún

Empezamos por uno de los errores más comunes. Todos queremos tener nuestros tomos favoritos a la altura de los ojos para verlos bien, pero lo cierto es que lo mejor es colocarlos en la estantería en función del tamaño y el peso.
Los tomos más gruesos y pesados hay que colocaros abajo. La razón es simple: bajan el centro de gravedad de la estantería y evitan que esta se venga abajo con un golpe tonto. Lo ideal, no obstante, sería que la estantería la fijases a la pared, aunque soy consciente de que no está la cosa con los alquileres como para hacer agujeros.
Por otro lado, lo suyo es agrupar los libros por altura. Si pones un tomo alto junto uno bajo, el más alto sobresaldrá, cogerá más polvo por arriba y el lomo se acabará deformando con el tiempo. Si puedes, coloca los tomos altos con los tomos altos y los bajos con los bajos, de manera que no haya cambios bruscos y todos se soporten entre sí.

Hablando de soportes, nunca dejes un tomo solo sin apoyo. Un libro sin vecinos se inclina, y un libro inclinado acabará con el lomo torcido para siempre. De la misma manera, no llenes la balda al 100%. Deja un par de centímetros para poder sacar los tomos sin tener que hacer demasiada fuerza.
Para series que no vayas a releer pronto, plantéate poner los libros en horizontal. Si tienes una colección completa guardada más como trofeo que para consultar a menudo, apilarla en horizontal (en torres de máximo ocho-diez tomos) reduce la tensión sobre el lomo. Para lo que leas a menudo, mejor vertical con buen apoyo lateral, así no tienes que desmontar una torre cada vez que quieras un tomo.
Y si directamente ya no te cabe nada más y no puedes meter más tomos, quizá te interese un elevador. Eso te permitirá poner una doble fila elevada detrás de tus libros para duplicar el espacio. En KamiMarks los puedes hacer a medida para que encajen perfectamente en tu estantería o, si lo prefieres, puedes optar por un elevador para 10 o 20 tomos. ¡Como prefieras!
2. Hablemos de temperatura

Si hablamos de conservar libros, el rango de temperatura ideal está entre los 18ºC y los 22ºC. No obstante, lo que más daña el papel no es que la temperatura sea superior o inferior a ese rango, sino los cambios bruscos. El papel se dilata con el calor y se contrae con el frío, así que, con el tiempo, ese ciclo acabará por afectar a las páginas.
Aunque a todos nos gustaría, es irreal pensar en mantener una habitación a una temperatura y humedad óptimas (ahora vamos con la humedad), pero sí hay ciertas cosas que podemos hacer y evitar:
- Aleja la estantería de radiadores, calefactores o electrodomésticos que generen calor.
- Evita ponerla en una pared exterior si en tu zona hay mucha diferencia entre verano e invierno.
- Si tu habitación pasa de 27°C en verano habitualmente, plantéate mover tus tomos más valiosos a una zona más fresca de la casa. Sé que esto es difícil, pero no quería dejar de recomendarlo.
3. No te olvides de la humedad

Tan importante es la temperatura como la humedad. El rango ideal está entre el 45% y el 55%. Por debajo del 40%, el papel puede volverse quebradizo y comenzar a crujir con el paso de los años. Por encima del 60%, e insisto, con el tiempo, puede aparecer moho y las páginas pueden ondularse.
Aquí tienes varias soluciones. Lo más simple es comprar un higrómetro digital, que puedes encontrarlo en cualquier ferretería por menos de 15 euros. Si vives en una zona húmeda, unas bolsitas de sílice detrás de los tomos también pueden ayudarte a mantener la humedad a raya.
Más allá del propio efecto de la humedad, un entorno húmedo es propicio para la aparición de insectos, como los pececillos de plata y los psocópteros, más conocidos como "piojos de los libros". Cuando aparecen ya es demasiado tarde y si han encontrado moho en tus libros, tocará despedirse de ellos. Por lo tanto, mejor prevenir que curar.
Esto es particularmente importante si tienes libros guardados en cajas en un trastero. Que tú te hayas olvidado de ellos no significa que la humedad y el paso del tiempo haya dejado de afectarles. Si tienes claro que no los vas a volver a leer o exhibir, mejor venderlos o buscarles una nueva vida.
Finalmente, y como apunte personal, yo evitaría meter los tomos en bolsas herméticas. Entiendo la lógica detrás de esta medida cada vez más popular, pero si no estás en una zona seca, es posible que al meterlos en una bolsa atrapes la humedad y, sin quererlo, le estés haciendo más mal que bien.
4. Ojo con la luz directa

Si tienes tomos antiguos, seguramente ya te habrás percatado de que el lomo habrá empezado a amarillear. Lamentablemente, la luz solar directa degrada el papel de forma acumulativa e irreversible, por lo que lo ideal es colocar la estantería en una pared en la que no reciba luz directa.
Si eso es imposible, y siempre y cuando tu contexto personal te lo permita, intenta echar la cortina en las horas de más luz. Esto es lo más complicado porque, al fin y al cabo, muchas veces no elegimos la disposición de las habitaciones.
5. Mantén el polvo a raya

El polvo no solo se ve feo, sino que también retiene humedad en el papel. Usa un pincel suave (como una brocha de maquillaje limpia) para quitar el polvo de lomos y cantos. Hazlo siempre hacia fuera, hacia la dirección de las páginas, no hacia la encuadernación.
¿Cada cuánto? Depende de tu casa, tu habitación, el tiempo que pases en ella, si las ventanas suelen estar abiertas, etc. Cada casa es un mundo. Si te sirve de algo, mi despacho es un sitio que coge mucho polvo y yo intento limpiarlo de los libros cada dos-tres meses.
Sobra decir que nunca jamás de los jamases debes usar productos líquidos para limpiar las páginas, o aplicar alcohol o agua directamente sobre las portadas, cantos o lomos para limpiar manchas. Un trapito seco y a manita, aunque te lleve toda la tarde.
6. Trata los libros con cuidado

Sé que es evidente, pero no por ello menos importante. Si quieres conservar tus libros, lo ideal es tratarlos con cuidado y no manipularlos como si fuesen de hierro.
Este es uno de esos consejos que nunca veo comentado y que yo siempre intento aplicar: nunca tires del lomo superior enganchando el dedo por arriba para sacar el tomo. Es la forma más simple, fácil y estúpida de acabar rompiendo el lomo, sobre todo en mangas de tapa blanda. Lo suyo es que empujes suavemente los tomos vecinos hacia adentro y saques el libro agarrándolo por el cuerpo, no por el lomo.
Por supuesto, nada de doblar las esquinas para marcar las páginas (que para eso están los marcapáginas) o sujetar los mangas con las manos sucias. La grasilla de los dedos acabará amarilleando el papel a largo plazo, aunque no te lo creas.
También mucho ojo forzar el tomo al abrirlo para ponerlo totalmente plano. En los tomos con encuadernación rústica, que es lo más común en los manga, eso acabará agrietando el lomo. Sé que algunas veces no se ve bien el dibujo (si lees Berserk sabrás de lo que hablo), pero mejor no verlo perfectamente que cargarse el libro.
Y eso es todo, nakamas. Ninguno de estos hábitos exige gastar mucho ni ser un maniático del orden. Con organizar bien la estantería, controlar un poco la humedad y evitar el sol directo, cubres el 90% del riesgo real. Lo demás es cuidado del día a día: cómo sacas el tomo, cómo lo lees y dónde lo guardas cuando no lo estás usando.