Cada vez que alguien habla del live action de 'One Piece' de Netflix, siempre sale la misma pregunta: ¿esto va a llegar hasta el final? La respuesta corta es que no. No puede. Para empezar, porque el manga no ha terminado, así que no existe un final que adaptar, pero ese no es el tema.
La pregunta interesante es otra: dónde va a a parar. Y ahí sí hay tela que cortar, porque tenemos declaraciones del reparto, cifras de producción, presupuestos filtrados y unas matemáticas bastante crueles.
Aviso: voy a nombrar arcos que el live action todavía no ha adaptado. No cuento qué ocurre en ninguno de ellos, pero si vienes de Netflix y prefieres no saber ni cómo se llaman las islas que quedan por delante, mejor no sigas.
Por dónde va el live action ahora mismo

La primera temporada adaptó el East Blue, más o menos los cien primeros capítulos del manga. La segunda, Into the Grand Line, se estrenó el 10 de marzo de 2026 y llevó a la tripulación desde Loguetown hasta Drum, dejando Alabasta en el horno y a Crocodile esperando. La tercera se llama The Battle of Alabasta, terminó de rodarse el 30 de junio de 2026 tras más de doscientos días de rodaje en Ciudad del Cabo, y Netflix la ha confirmado para 2027.
Tres temporadas con ocho episodios cada una, que pueden parecer muchos, pero no lo son en una serie que ya roza los 1.200 capítulos de manga. Estas tres temporadas han adaptado menos del 15% de lo que llevamos de serie hasta ahora.
Las 12 temporadas que nunca fueron (ni serán)
En 2023, después del éxito de la primera temporada, los productores de Tomorrow Studios dieron una entrevista que se ha citado mil veces desde entonces. Marty Adelstein (el productor de la serie) dijo que tenían "esperanzas de doce temporadas" porque "hay mucho material". Becky Clements, productora, añadió que ni siquiera con seis llegarían a la mitad de los capítulos publicados.
Aquello se convirtió en titular y el titular se convirtió en dato, pero no lo es. Netflix nunca se ha comprometido públicamente con doce temporadas de nada, y menos con una serie que cuesta lo que cuesta esta. Cuando The Hollywood Reporter le preguntó a Joe Tracz, showrunner actual, por el plan de doce temporadas, respondió que se sienten afortunados de trabajar en una serie que les importa. Eso, entre líneas, es un "no".
El equipo también ha cambiado por el camino. Steven Maeda se fue después de la primera temporada. Matt Owens, que era el fan declarado del proyecto y el que hablaba de aguantar hasta que Netflix dijera basta, se marchó tras la segunda. Ahora el barco lo llevan Tracz e Ian Stokes. Eso nos dice algo sobre la duración estimada esperable del live action, para mi desgracia.
Oda ya sabe dónde quiere parar

Esta es la pieza (jaja Una Pieza jaja... perdón) más interesante de todo el asunto, y viene de Mackenyu. Justo antes del estreno de la segunda temporada, en el pódcast The Movie Podcast, al actor que encarna a Zoro le preguntaron qué le tenía ilusionado de cara al futuro y contestó que Oda tiene una visión de hasta dónde quiere llevar el live action, que todo el reparto la conoce, y que hay un arco concreto al que quiere que lleguen antes de que cumplan los cincuenta. Esa respuesta tiene dos cosas que analizar:
- La primera es que se corrige a sí mismo. Empieza diciendo "dónde quiere acabar" y rectifica sobre la marcha: no acabar, sino hasta dónde quiere que lleguen. Eso suena a recogida de cable, porque acabar no es llegar. En otras palabras: la trama de la serie se va a quedar abierta.
- La segunda es lo de los cincuenta años. Es una broma, pero no tanto. El reparto sabe que existe un límite biológico porque 'One Piece', el manga, transcurre en menos de tres años desde el comienzo de la aventura de Luffy. Iñaki Godoy va a envejecer, pero el dibujo de Luffy, no.
Las paradas que tienen sentido

Si Oda tiene un arco en la cabeza, hay pocos candidatos razonables. 'One Piece' es una historia que casi nunca cierra puertas del todo, pero hay dos o tres momentos donde el relato se detiene lo suficiente como ponerle un "punto y final", entre comillas.
Enies Lobby, hacia la temporada 6
Es el cierre emocional de toda la primera mitad. Es en este arco en el que la tripulación deja de ser un grupo de gente que viaja junta y pasa a ser otra cosa. Termina con una escena que cualquiera que haya llegado hasta ahí recuerda perfectamente y podría funcionar como un punto y aparte.
Contando por capítulos de manga y al ritmo que llevan, Enies Lobby caería en la sexta temporada. Skypiea sería la cuarta y Water Seven la quinta, por lo que es un escenario realista que, todo sea dicho, dejaría al espectador con la miel en los labios. ¿Por qué? Porque luego viene Marineford y, ay nakamas, Marineford...
Marineford, hacia la temporada 8
Es el candidato que más sentido narrativo tiene, y hay pistas de producción que apuntan hacia allí. La primera temporada infló deliberadamente (y muchísimo) el papel de Garp y de Koby. En el manga, en ese tramo, son secundarios que aparecen y desaparecen. En la serie tienen arco propio, escenas escritas para ellos y una relación con Luffy que el original no desarrolla hasta mucho después. Netflix estaba sentando las bases para lo que vendría después.
Además, para la tercera temporada ya han fichado a Xolo Maridueña como Portgas D. Ace. Ace aparecerá en Alabasta, sí, pero su historia se desarrolla en otro sitio, muy lejos, a cinco temporadas vistas.
Por otro lado, Marineford también encaja con lo que dijo Mackenyu, porque después viene un salto temporal dentro de la propia historia. Es el único punto de 'One Piece' donde el relato se para de verdad y todo el mundo entiende que ha terminado una etapa y empieza otra.
El corte duro y seco
La tercera opción es la que nadie quiere y la que más veces pasa: Netflix mira los números, decide que no salen, y la serie se queda donde está. Con un epílogo inventado si hay suerte, sin nada si no la hay.
Las matemáticas: cuántas temporadas y en qué año

Todo esto es muy bonito, pero las matemáticas y los números no mienten. La primera temporada cubrió unos 100 capítulos. La segunda, alrededor de 55. La tercera serán más o menos 60. Cogiendo esa media, y agrupando los arcos como los agruparía cualquier guionista sensato, sale algo así: Skypiea en la cuarta, Water Seven en la quinta, Enies Lobby en la sexta, Thriller Bark y Sabaody en la séptima, y lo que hay entre medias hasta Marineford en la octava.
Ahora los años. La primera temporada se estrenó en agosto de 2023 y la segunda en marzo de 2026, dos años y medio. La tercera llegará en 2027, un poco más rápido porque el rodaje empezó antes de que la segunda se estrenara.
Sea como fuere, seamos optimistas y pongamos que consiguen mantener un ritmo de temporada cada año y medio, que sería un ritmo excelente para una producción de este tamaño. La cuarta caería en 2029. La quinta en 2030 o 2031. La sexta en 2032. La octava, la de Marineford, en algún punto de 2035 o 2036.
Serían 13 años más de serie, y eso asumiendo que no haya huelgas, cancelaciones, cambios de dirección en Netflix, ningún actor que decida bajarse o que el interés por 'One Piece', que ya en 2036 habrá terminado, haya caído.
El CGI se encarece cada temporada

La primera temporada tenía barcos, pueblos costeros y un puñado de personajes con poderes, con Luffy siendo el único en plano con efectos especiales permanentes en pantalla. Buggy y Arlong sumaban lo suyo, pero el grueso de la serie eran actores físicos.
A partir de la Grand Line eso cambia a lo bestia. Alabasta ya exige un desierto entero, los poderes de arena de Crocodile y bichos gigantes. Skypiea es una isla flotante en las nubes, con todo lo que eso implica de entorno construido por ordenador. Water Seven tiene una ciudad llena de agua (guapísima). Marineford es una guerra donde casi todos los personajes en pantalla, simultáneamente, tienen poderes que se tienen que renderizar en ordenador. El coste crece al mismo ritmo que el porcentaje de metraje que necesita efectos, y ese porcentaje sube arco tras arco hasta acercarse al cien por cien.
El presupuesto estimado ya ronda los 18 millones de dólares por episodio, cifra que la sitúa por encima de lo que costaba 'Juego de Tronos' en su día. Y la prueba de que la postproducción es el cuello de botella la tienes en la tercera temporada: se rodó entre noviembre de 2025 y junio de 2026, y no se estrena hasta bien entrado 2027. Va a pasar más tiempo en ordenadores que en el plató.
Luffy tiene 17 años, Iñaki Godoy no

El reparto ya era mayor que los personajes cuando empezó la serie. Taz Skylar tenía veintisiete años cuando lo ficharon para hacer de un Sanji de 19. Emily Rudd nació en 1993 y lleva tres temporadas interpretando a una Nami de 18.
Iñaki Godoy, que encarna a nuestro capitán, nació el 25 de agosto de 2003, así que tenía 18 años cuando se rodó la primera temporada. Si Marineford llega en 2036, tendrá 33 años y estará interpretando a un chaval de 17, como si esto fuese 'Élite' o algo.
La respuesta habitual a esto es que existe un salto temporal en la historia y que ahí se resuelve el problema, pero eso no va a funcionar de la misma forma que en el manga porque a la biología le da igual el guion de una serie.
Y por si todo esto fuera poco, hay un factor menos romántico: los contratos. Godoy ya no es un desconocido, Mackenyu tiene carrera propia en Japón y, probablemente, ninguno de ellos firmó pensando en dedicar dos décadas al mismo personaje. Cada renovación es también una renegociación que, por supuesto, es más y más cara.
Lo que Netflix mira antes de renovar
La segunda temporada funcionó bien. Fue número uno del top 10 global durante tres semanas, acumuló 33,8 millones de visualizaciones y tiene un 100% de valoraciones positivas de la crítica en Rotten Tomatoes, pero hay un dato que puede chirriar en ciertos despachos: hizo 16,8 millones de visualizaciones en sus primeros días, frente a los 18,5 millones de la primera.
La caída es pequeña, pero adelante un sutil problema en la dirección: una serie con planes a diez años vista necesita que la curva suba, no que baje, sobre todo cuando cada episodio cuesta lo que cuesta este. Ese es el verdadero límite del live action de 'One Piece', el presupuesto. Cada temporada será más cara y tardará más en hacerse, por lo que cabe esperar que Netflix, que se debe a sus inversores, acabe poniéndola en la palestra en algún momento. ¿13 años una serie? Eso, a día de hoy, es una quimera.
Lo que el live action ya le ha dado a One Piece

Con todo lo anterior en la mano, hay algo que la serie ya ha conseguido y que no depende de hasta dónde llegue.
'One Piece' llevaba veinticinco años siendo enorme y, por qué no decirlo, inaccesible: mil y pico episodios no son apetentes, y menos para un no iniciado que se enfrenta a un dibujo tosco de finales de los 90 en los primeros tramos. Esto lo sabrá todo fan de la obra: recomendarle 'One Piece' a alguien que no ve anime es, básicamente, pedirle que se crea una promesa a cambio de 200-400 horas de su vida porque "a partir del capítulo 400 se pone...". Ya, eso díselo a mi primo que no es capaz de prestar atención durante 20 minutos seguidos.
Netflix, de una forma u otra, rompió eso con ocho capítulos de cuarenta minutos.
La primera temporada fue la serie en inglés más vista de Netflix en el segundo semestre de 2023, con casi 72 millones de visualizaciones y más de 540 millones de horas. Y aquí viene lo interesante: en ese mismo periodo, el visionado del anime original de 'One Piece' en la plataforma se duplicó, convirtiéndolo en el anime más visto de Netflix por delante de 'Pokémon' y 'Naruto'. El anime en conjunto sumó 3.500 millones de horas en la plataforma, un 14% más que el semestre anterior, mientras el consumo total de Netflix bajaba.
Un editor de 'One Piece' lo confirmó desde el otro lado: la serie disparó las ventas del manga y del merchandising fuera de Japón, y en Shueisha lo dijeron sin disimulo, que querían que la gente que todavía no conocía la obra la descubriera gracias a Netflix.
Arte conceptual de THE ONE PIECE, el remake de Wit Studio para Netflix
La franquicia ha entendido el mensaje y está construyendo más puertas de entrada. En febrero de 2027 llega a Netflix 'THE ONE PIECE', el remake que está haciendo Wit Studio: siete episodios de unos cuarenta minutos, unos 300 minutos en total, cubriendo los cincuenta primeros capítulos del manga y estrenándose todos de golpe. Es el East Blue otra vez, sin relleno y con animación moderna. El anime original, por su parte, ha pasado a un modelo de 26 episodios al año divididos en dos bloques, que es la forma de producir de una serie de prestigio y no la de un culebrón semanal eterno.
De toda esa gente que entra por Netflix, una parte acabará en el manga. Y ahí es donde empecerá otro problema, esta vez más doméstico. En España lo publica Planeta y va ya por encima del tomo 110, con Japón cerca de los 115. Es la serie más larga que la mayoría vamos a tener en casa, y llega un punto en que la estantería deja de dar de sí. Si estás en ese punto, los elevadores te dejan montar una segunda fila visible en el mismo estante, y si tu balda tiene una medida rara, el elevador a medida te la calcula al centímetro.
La otra puerta, la que menos gente elige y la que a mí me parece la mejor para esta serie en concreto, es saltarse el anime entero e irse directamente al manga. Lo discutí a fondo en su momento comparando leer el manga o ver el anime.
Mi apuesta

Creo que Oda tiene Marineford en la cabeza. Encaja con la corrección de Mackenyu, encaja con la inversión que la serie ha hecho en Garp y Koby desde el primer episodio y encaja con el fichaje temprano de Ace. Es el único punto de la primera mitad donde puedes bajar el telón y que se sienta como una decisión premeditada.
Creo, también, que las probabilidades de llegar hasta allí son bajas. Estamos hablando de ocho temporadas, unos 145 millones de dólares por temporada al precio actual, y de un reparto que rondaría los cuarenta años interpretando a adolescentes. Todo eso apoyado en una curva de audiencia que solo puede bajar, desgraciadamente.
Mi previsión es que llegarán a la sexta o la séptima temporada, cerrarán donde buenamente puedan y como buenamente puedan, y a funcionar. Me juego lo que sea a que Marineford lo veremos antes en el remake de Wit Studio que en el live action. Ojalá me equivoque, porque Marineford en imagen real con este presupuesto sería una barbaridad.