Neon Genesis Evangelion, crítica: el anime de robots que iba sobre ir al psicólogo

Neon Genesis Evangelion, crítica: el anime de robots que iba sobre ir al psicólogo

Si eres de mi quinta y te criaste en los 90 o principios de los 2000, es muy probable que llegaras a Neon Genesis Evangelion (a.k.a. Evangelion, entre nosotros) esperando ver una serie de robots gigantes partiéndose la cara contra monstruos alienígenas. De la misma forma, es probable que acabases el anime con cara de estupefacción sin entender bien qué había pasado.

A fin de cuentas, el género mecha nos había malacostumbrado a obras donde el héroe adolescente salvaba el día a golpe de rayos láser y discursos motivacionales. Mis padres, de hecho, siempre me han hablado de Mazinger Z, que es literalmente así. Pero Evangelion es otra historia. Una mucho más cruel y dura cuando lees entre líneas.

A los pocos capítulos te das cuenta de que el monstruo del espacio no es el verdadero enemigo y de que el robot gigante ni siquiera es un robot. Evangelion es, bajo su espectacular capa de ciencia ficción, un viaje crudísimo a las profundidades de la depresión clínica, la ansiedad social y el trauma. Algo que, para lo bueno y para lo malo, veo mucho mejor hoy a mis más de 30 años de edad.

La antítesis del héroe shonen

La premisa, sobre el papel, es sencilla: en el año 2015, tras un cataclismo global llamado el Segundo Impacto, la humanidad es atacada por unas criaturas misteriosas llamadas "Ángeles". Para defenderse, la organización NERV utiliza los Evangelion (EVAs), unos biomechas gigantes que solo pueden ser pilotados por unos adolescentes elegidos.

Nuestro protagonista es Shinji Ikari, un chaval de 14 años que, sin previo aviso y, por qué no decirlo, por la cara, es convocado por su distante y frío padre para pilotar el EVA-01. Aquí nos viene el primer bofetón, porque desde el principio nos queda claro que Shinji no es un héroe. No al menos uno como a los que estamos acostumbrados en el género.

En lugar de darnos a un Naruto o a un Luffy que grita "¡yo protegeré a mis amigos!", Anno nos da a Shinji. Y Shinji es, hablando en plata, un niño aterrorizado y traumatizado. Está deprimido, se odia a sí mismo, huye de sus responsabilidades y sufre ataques de pánico en la cabina. Al principio es fácil odiarlo, pero cuando rascas un poco la superficie y lo miras con los ojos de un adulto, la perspectiva cambia drásticamente.

Shinji no es un mal personaje. De hecho, es tan terroríficamente humano que llega a hacernos sentir incómodos. Su función no es agradarnos, es reflejarnos. Y escuece.

Imagina que la única figura paterna que tienes te llama, después de abandonarte y de años de silencio absoluto, solo para meterte en una máquina que te inflige dolor físico real, para enfrentarte a monstruos enormes. Y si te niegas, mete a una niña malherida en tu lugar para hacerte sentir culpable.

Shinji no pilota el EVA-01 para salvar a la humanidad. Le importa un carajo la humanidad. Shinji pilota el EVA porque está desesperado por escuchar un triste "bien hecho" de la boca de su padre. Busca desesperadamente validación externa porque su propia autoestima es inexistente.

En mi opinión, odiar a Shinji es fácil porque Shinji es un reflejo de nosotros en nuestros peores momentos. Estamos acostumbrados a consumir entretenimiento para evadirnos. Queremos ver a protagonistas que hagan lo que nosotros no nos atrevemos a hacer, como enfrentarse al jefe, ser un líder, ganar, etc. Shinji hace todo lo contrario. Shinji huye, se deprime, es egoísta, llora y comete errores imperdonables movido por el miedo.

Odiamos a Shinji porque nos pone un espejo delante y nos recuerda lo vulnerables, patéticos y asustados que todos nos hemos sentido alguna vez. No es el héroe que queremos ser, es el adolescente confundido que todos hemos sido. Y aprender a tolerar a Shinji es, en cierta manera, aprender a ser un poco más comprensivos con nuestros propios fantasmas.

Y luego están las chicas. Asuka Langley, que es el polo opuesto a Shinji, utiliza una máscara de superioridad, ego y agresividad para esconder un complejo de inferioridad y un trauma de abandono que te hielan la sangre. Y Rei Ayanami... bueno, Rei es un lienzo en blanco, una muñeca que aprende a ser humana y que te dejará el corazón en un puño.

El dilema del erizo y los campos AT

Siempre me gusta dar contexto porque ayuda a ver la obra de una forma más amplia. Durante la producción de Evangelion (mediados de los 90), Hideaki Anno atravesaba una depresión severa de la que ningún miembro del estudio era consciente (en Japón, la depresión es un poco tabú). La serie, muchas veces, parece ser un reflejo de esa mente rota y en proceso de sanación.

Todo en la obra gira en torno a lo que en psicología se conoce como el "dilema del erizo" de Schopenhauer: los erizos quieren acercarse para darse calor en invierno, pero cuanto más se acercan, más se pinchan con sus púas.

Los personajes de Evangelion son exactamente así. Anhelan desesperadamente el afecto humano, pero están tan rotos que acercarse al otro implica hacerse daño. Es, sin duda, uno de los símbolos más poderosos del anime. 

En la historia, los EVAs y los Ángeles poseen un escudo defensivo impenetrable llamado "Campo AT" (Campo de Terror Absoluto). Más adelante se revela que el Campo AT no es un simple escudo de energía, sino una barrera mental y emocional que separa el alma de un individuo de la de los demás. Es el muro que construimos para que no nos hagan daño.

Una triste genialidad que, conociendo el contexto de la depresión de Anno, valoro aún más.

En el universo de Evangelion, todos los seres vivos poseen un Campo AT. Es la barrera mental y emocional que separa el "Yo" del "Tú". Es lo que nos da forma física e identidad como individuos independientes. Literalmente, la serie nos dice que la única razón por la que no somos un ente amorfo mezclado con el resto de la humanidad es porque tenemos terror absoluto a que los demás se acerquen demasiado. Es decir, que mantenemos el tipo a base de rechazo.

Es un concepto muy duro si lo piensas. El poder más fuerte del universo no es un rayo láser ni una espada gigante, sino el miedo a que te hagan daño. En One Piece, tenemos el Haki de Armadura para defendernos del resto a base de voluntad; en Berserk, Guts usa su armadura para que el dolor físico no lo destroce. En Evangelion, la defensa más poderosa es un muro psicológico para que no te rompan el corazón.

En ese sentido, los villanos en la sombra (SEELE) llegan a una conclusión muy extrema: la vida humana es miserable porque el Campo AT nos aísla, nos genera soledad y nos impide entendernos por completo como raza. Así que su gran plan maestro es provocar otro cataclismo global (el Tercer Impacto) que elimine los Campos AT de toda la humanidad.

¿El resultado? Sin esa barrera de miedo que nos separa, nuestras almas y cuerpos se disolverían, fusionándose en un océano de LCL (el líquido que hay dentro de las cabinas de los EVAs). Un único ser colectivo donde no hay dolor, no hay soledad, no hay rechazo... pero tampoco hay individualidad. Aprovecho para recomendar la serie Pluribus de Apple TV.

Con esta premisa, la obra te deja una pregunta en el aire cuya respuesta no es sencilla: ¿prefieres vivir en una soledad segura donde no hay dolor ni dramas, o prefieres existir como individuo sabiendo que amar a alguien implica arriesgarte a sufrir? El final es chulo y una redención por parte de Shinji, que muestra una tremenda madurez al darse cuenta de que bajar las defensas y ser vulnerable da miedo, pero forma parte de vivir y sentirse vivo.

Las costuras (y la falta de presupuesto)

Por mucho que me encante, hay que ser justos, y el anime de Evangelion no es perfecto. Tiene costuras y, algunas veces, se ven demasiado.

La primera es el batiburrillo de simbología judeocristiana. Cruces explosivas, Manuscritos del Mar Muerto, lanzas de Longinus, ángeles con nombres bíblicos... Muchas veces vas a intentar buscarle el sentido filosófico profundo a esto, y desde ya te invito a que dejes de hacerlo.

El propio equipo de Gainax (el estudio de animación) admitió años después que metieron toda esa imaginería religiosa simplemente porque quedaba guay y los diferenciaba de otros animes de robots.

La segunda, y la más evidente, es el final de la serie original (los episodios 25 y 26). Es una ida de olla monumental, un viaje psicodélico de monólogos internos, trazos a lápiz y fotos del mundo real. ¿El motivo? Gainax se quedó sin presupuesto y sin tiempo.

Anno tuvo que cerrar la historia dentro de la mente de Shinji porque no tenían dinero para animar la resolución en el mundo exterior. Esto provocó toda una ola de odio hacia Anno que, como imaginarás, no fue lo idóneo para su salud mental. El anime se tuvo que cerrar con una película, The End of Evangelion, que no deja de ser un final alternativo, aunque es considerada una de las mejores pelis de animación de la historia.

Yo, sin embargo, te voy a recomendar otro acercamiento a Neon Genesis Evalengion, y es que lo hagas a través del manga.

Si puedes elegir, elige el manga

Para esta crítica, yo me he leído el manga al completo. Ojo, Evangelion es un anime original, no una adaptación animada de un manga. Fue concebido como un anime, mientras que el manga se entendió como una especie de material promocional. Como el anime se retrasó, el manga empezó a publicarse para ir calentando motores, pero terminó de publicarse casi dos décadas después (el anime se terminó de emitir en 1996, pero el manga acabó en 2013, ahí es nada). Fue ilustrado Yoshiyuki Sadamoto, que es el diseñador de personajes de la serie.

¿Qué diferencias hay y cuál merece más la pena? Pues te soy sincero. El anime es historia del género y la experiencia audiovisual es maravillosa, pero a nivel narrativo, el manga es mejor. Punto. El manga es, sencillamente, muy superior en cuanto a cohesión y ritmo.

Para empezar, el Shinji del manga tiene un poquito más de sangre en las venas. Sigue siendo un chaval traumatizado (faltaría más), pero es más rebelde, más sarcástico y no se pasa tanto tiempo lamiéndose las heridas en un rincón.

Además, personajes importantes como Kaworu aparecen mucho antes, dándoles un trasfondo y un desarrollo que el anime resuelve en un solo episodio a toda prisa. Muchas escenas que en el anime te dejan con el culo torcido, en el manga están explicadas con una lógica mucho más clara, dentro de lo confuso que es el tramo final de la obra.

Y luego está el final. Mientras que el anime te obliga a verte la película The End of Evangelion para entender el desenlace físico en la Tierra (que es una salvajada cinematográfica, todo sea dicho), Sadamoto nos regala en sus tomos un desenlace narrativo mucho más redondo, comprensible y, me atrevería a decir, esperanzador.

En conclusión

Evangelion no es una historia para desconectar un domingo por la tarde. Al igual que me pasó con Oyasumi Punpun, te diría que es una obra que te exige mentalmente.

Si me preguntas con qué formato quedarte: el anime es el canon cultural que todo el mundo debería experimentar una vez en la vida, pero si quieres disfrutar la historia al 100% y entenderlo todo sin tener que sacarte unas oposiciones, hazte un favor y léete el manga.

Si buscas peleas de robots sin más, busca en otro lado. Si te apetece sumergirte en un thriller psicológico que deconstruye a sus personajes hasta dejarlos en los huesos, cuestionando qué significa ser humano, amar y existir, entonces sí, dale candela a Neon Genesis Evangelion. Es historia viva de la cultura y de esas raras obras que, cuando acabas, te dejan mirando a la pared en silencio durante un buen rato. Hablo desde la experiencia.