Hay quien dice que 'Oyasumi Punpun,' a.k.a. 'Buenas noches, Punpun', es uno de los mangas más tristes, duros y crudos que puedes encontrar. Tras haberlo leído y terminado, puedo decir que no es para menos y que todo adjetivo relacionado con lo triste, dura y cruda que es su historia está totalmente justificado.
La obra de Inio Asano, que tiene ya unos años, sobrepasa el concepto de manga o historia. Es una experiencia emocional y visceral que, de antemano adelanto, no es para todo el mundo. Si estás en un momento delicado de tu vida o has pasado por alguna de las experiencias a las que nos expone Asano, es posible que sus 13 tomos reabran viejas heridas o despierten ciertas sensibilidades.
Lo completé hace apenas unos días y no he querido escribir esto hasta ahora, tras haberlo reposado tranquilamente para, de alguna forma, verlo con perspectiva y ordenar un poco las ideas. En este análisis / crítica no encontrarás spoilers de la trama, pero sí ahondaré en algunos de los personajes que conviene comprender.
Miedos e inseguridades

Lo primero que llama poderosamente la atención de la obra de Asano es su dibujo. El japonés nos deleita con un realismo que roza lo enfermizo, ofreciendo algunos de los paneles más espectaculares que he visto en muchísimo tiempo, y que contrastan con lo simple que es el dibujo de Punpun y su familia. Punpun es… un pollito, un pájaro compuesto por apenas unos trazos que contrasta con los paisajes, ciudades y cielos que recorremos durante la historia.
Este dibujo tiene un doble propósito. El primero es que te puedas sentir identificado con él. Un personaje con cara, rostro, gestos tiene un trasfondo implícito del que es imposible despegarse. Luffy es Luffy, no podría ser otro. Punpun, sin embargo, podría ser cualquiera. Es un dibujo tierno con el que es fácil empatizar y que hace que lo crudo lo sea aún más. A eso ayuda esa figura de narrador omnisciente que habla de Punpun en tercera persona y que nos hace partícipes de algo que, desgraciadamente, no podemos evitar.

El segundo es la disociación. Como nos mostrará el autor a lo largo de la obra, Punpun se siente ajeno, extraño, como que no encaja en su vida. Su forma de pájaro irá evolucionando a lo largo de la historia con maestría. Pasará de un pajarito inocente a un adolescente marcado por la miseria que Asano, de forma sobresaliente, consigue transmitir con algo tan sencillo como no ponerle cara a su protagonista.
Porque 'Buenas noches, Punpun' no es una historia de superación personal. No es lo que, normalmente, se conoce como bildungsroman (novela de aprendizaje), sino todo lo contrario. Punpun nos cuenta cómo un niño es moldeado ante la acumulación de traumas y la absoluta incapacidad de madurar de forma sana. Punpun nos muestra tal y como nos sentimos cuando sabemos que algo no va bien: amorfos, simples, vulnerables y desconectados de una realidad que, algunas veces, puede superarnos.
Asano expone a su simpático monigote, que nos recibe en el tomo uno con todo tipo de divertidas tonterías de niño, a la más absoluta miseria: una familia disfuncional, violencia doméstica, pasados traumáticos, un errático acercamiento al sexo, la violencia como salida y una búsqueda constante del sentido que nunca acaba bien. Y como Punpun no tiene rostro, se lo ponemos nosotros. Asano consigue que hagamos nuestros los miedos, inseguridades y dilemas morales de Punpun, y es escalofriante.
El idealismo tóxico y los pies en la tierra

La obra tiene varias tramas, pero la principal es el idealismo tóxico. El primer amor de Punpun es Aiko Tanaka, una chica que llega a su colegio y entra en la vida de Punpun como un elefante en una cristalería. Le da esperanzas a Punpun y este se convierte en su vía de escape. Ambos encuentran en el otro un ancla existencial, una posibilidad de tener una vida mejor. Un haz de luz al final del túnel.
Para Punpun, Aiko es pureza, un ser que no puede hacerle daño, y monta su fantasía alrededor de ese concepto de la Aiko perfecta. Aiko se convierte, de una forma u otra, en un late motiv: si estoy con Aiko, todo irá bien, así que debo estar con Aiko a toda costa. La chica, sin embargo, desaparecerá por un motivo u otro y no volverá hasta más adelante, pero a pesar de ello Punpun la seguirá recordando.
Por otro lado, Aiko ve en un Punpun un salvador. A lo largo de la trama, ya en la parte final, descubriremos que la vida de Aiko es miserable y que su concepto de relación no es el que todo podemos imaginar. Aiko busca ser salvada y encuentra la validación en el dolor. De ahí que lleve a Punpun al límite con frases como “si me mientes, te mato”. Para Aiko, nada une más que la destrucción mutua.

Este folie à deux se rompe cuando, al encontrarse como adultos, se dan cuenta de que la visión romántica que tenían el uno del otro es falsa. Punpun descubre, y deja patente en el manga, que Aiko es humana. Como tal, tiene miedo, suda, sangra, miente y comete errores. Lo cuento como si fuese evidente, pero Punpun descubre todo esto a base de paneles explícitos y dolorosos que encogen el corazón.
Cuando esto sucede, cuando ese concepto de “Aiko perfecta” resulta no ser tal, Punpun se siente decepcionado, traicionado, y encuentra en esta situación la justificación de la violencia física y psicológica que ejerce a su primer amor. De alguna forma, la castiga por no ser la fantasía perfecta que construyó durante años y que, hasta entonces, compensaba su existencia.
Aiko, por su parte, descubre que Punpun no es un salvador. Es alguien cobarde, violento, traumatizado y deprimido que no la ama. Sin embargo, el idealismo tóxico del recuerdo de la infancia les hace huir hacia delante a marchas forzadas. ¿Por qué? Porque ambos piensan que todo se arreglará, que estando juntos nada puede salir mal. Si no pueden vivir su sueño juntos, la vida no merece ser vivida.

El contraste llega en forma de Sachi Nanjou. Si Aiko representa el amor ideal e inmaduro, Sachi es todo lo contrario. Sachi no idealiza a Punpun, sino que es consciente de que nuestro protagonista es imperfecto. Patético, afirma en alguna ocasión. Aunque la relación comienza con Sachi queriendo aprovecharse de Punpun, la relación evoluciona y crece. Porque Sachi ofrece madurez, realidad, un contrato social que funciona, aunque algunas veces sea difícil.
Sachi trabaja (es mangaka, de hecho), es independiente, vive en el mundo real y tiene objetivos, ambición. Sin embargo, ella también está rota, o al menos lo ha estado. Sachi ha aprendido a vivir con sus grietas y ha aceptado que la vida, aunque no es fácil, merece la pena. Y es ese afán de mejorar, de seguir adelante, el que niega a Punpun su ansiado final poético para obligarlo a vivir.
Y esto es precioso, porque puede verse de dos formas. Por un lado, que Sachi obligue a Punpun a vivir lo condena a la vida cotidiana y a la banalidad que tanto detesta. Por otro lado, le da una segunda oportunidad para curar sus heridas y que el dolor, con el tiempo, sane. Personalmente, me quedo con esta segunda opción, quizá por eso de encontrarle una lectura positiva a toda la miseria que vive nuestro protagonista.
Kami-sama kami-sama chinguru hoy

Esa es la frase que, según Yuuicho Onodera, el tío de Punpun, sirve para invocar a Dios. Este aparece cuando Punpun tiene dudas o dilemas que no sabe resolver y es representado como una cabeza humana fotorrealista. Este Dios, que es despojado de toda su divinidad, es realmente la psique de nuestro protagonista y representa los impulsos oscuros que atosigan a Punpun.
Que Punpun sea un monigote y Dios se represente ultra detallado podría entenderse como que, para Punpun, sus impulsos oscuros son más reales que su propia identidad. Sin entrar en psicología, este Dios es lo que Sigmund Freud bautizó como el “Ello”. Un par de apuntes rápidos para entender esto, prometo no ponerme denso.
Para Freud, el “yo” es la parte de la personalidad que media entre los impulsos del “Ello” y las exigencias morales del “Superyó”, actuando de forma racional y adaptada a la realidad. El “Superyó” es la instancia moral que representa las normas y valores asumidos de la sociedad, actuando como una conciencia crítica y generando sentimientos de culpa o de ideal. El “Ello” es la parte primitiva, instintiva y egoísta de la mente. No conoce el bien y el mal, solo el deseo.

Por eso Dios, el “Ello”, nunca le dice a Punpun que haga lo que, a nuestro juicio, sería lo correcto, sino que lo incita a seguir sus instintitos. Mientras que su “Yo” y “Superyó” mantienen a raya sus acciones, Dios, el “Ello”, le recuerda que también es un chico violento y pervertido. Cuando Punpun le hace caso, Dios se ríe porque se burla de Punpun, porque Punpun sabe que, en el fondo, lo que está haciendo está mal.
Este Dios representa todo lo que Punpun no acepta de sí mismo. A Punpun le sirve para justificar sus actos, por eso lo permite, pero lo odia. En el tramo final de la historia, nuestro protagonista mata a su Dios apuñalándose en el ojo. Eso no significa que Punpun encuentre la paz, porque no lo hace, sino que asume que su maldad no viene de un ente superior, sino de sí mismo, y eso lo detesta porque se da cuenta de que está, efectivamente, emocionalmente destrozado.
Asano usa la figura de Dios para enseñarnos que los demonios no vienen de fuera, sino que los llevamos guardados dentro. Dios son los pensamientos intrusivos, el “y si…”, y tiene un rol importantísimo en cómo Punpun entiende las relaciones sociales y la toma de decisiones.
Lo más flojo: Pegasus

Durante la obra también conocemos la historia de Toshiki Hoshikawa, a.k.a. Pegasus. Es el líder de una secta religiosa que quiere salvar el mundo con la música. La historia, más o menos, es que todo lo que ha sucedido y sucederá en el universo ha sido grabado como escalas musicales en la superficie de un cilindro gigante llamado "Registros Akáshicos", una caja de música de proporciones infinitas que tiene la forma de nuestro universo. Pero esta caja tiene una melodía inestable que provocará que el 7 de julio el mundo se destruya.
La idea de la secta no es mala, pero no me parece que esté bien ejecutada. De hecho, más allá de para darle un sentido a Seki y Shimizu, la subtrama de Pegasus solo sirve para romper el ritmo. Es de esas partes que quieres que se acaben bien porque no empatizas con los personajes, bien porque no entiendes del todo qué está pasando.
Según Asano, esta secta consigue salvar al mundo de la destrucción sin que nadie se de cuenta, pero lo cierto es que parece un relleno que no termina de encajar en una historia tan dura como la de Punpun. El ejercicio de sátira y humor que intenta hacer el autor no funciona y, de hecho, podrías quitarlo por completo de la obra y no pasaría absolutamente nada.
El autor busca hacer un homenaje a los mangas shonen (historias como 'One Piece' o 'Naruto'), en tanto que Pegasus está armando unas fuerzas para combatir el mal. Todo lo que sucede a final con el Daruma gigante, esa ida de olla, es canon. El mundo iba a ser destruido por un meteorito y la secta consigue salvar el planeta sin que nadie se dé cuenta. El concepto es ese, pero no termina de cuajar. La historia de Seki y Shimizu, de hecho, se queda a medio gas precisamente por esto.
Entonces qué, ¿me lo leo?

Mi única respuesta es que depende. Yo he cometido el error de leerme los 13 tomos del tirón, sin pausas, y debo decir que había veces que me iba a la cama con cierta tristeza y el corazón en un puño. Recuerdo un par de momentos que me encogieron el pecho y me hicieron un nudo en el estómago, y eso que, afortunadamente, mi vida ha sido mucho mejor que la de Punpun.
Creo que es una obra que hay coger con cierto respeto. Es buenísima, de lo mejor que he leído, pero es dura. Es dura, y tiene la capacidad de hacer daño. Hay que leerla con calma, viéndola desde fuera y siendo conscientes de lo que tenemos entre mano.
Personalmente, te diría que antes de lanzarte a por los tomos hicieras un ejercicio de introspección y te preguntases cómo te encuentras. Si estás en un momento delicado de tu vida, te diría que aparques esta obra para otro momento. Si eres muy sensible a temas como la violencia doméstica, los abusos, la depresión o el suicidio, mejor optar por otras obras.
Si, por el contrario, vas a ser capaz de leer esta obra con perspectiva y con cierta cabeza fría, te adelanto que vas a encontrar una historia como hay pocas. Inio Asano es un maestro y, aunque es durísima, yo he encontrado en 'Oyasumi Punpun' uno de mis mangas favoritos a la altura de 'Monster' y '20th Century Boys.'