Una de las cosas que siempre me han fascinado del manga es que hoy, en pleno 2026, con los recursos y tecnología que hay disponibles, siga siendo en blanco en negro. Mientras que el cómic americano y el relativamente novedoso manwha coreano con origen webtoon son a todo color (véase ‘Solo Leveling’ y literalmente cualquier cómic de Marvel o DC), el manga japonés sigue conservando su esencia y el dibujo en blanco y negro.
La pregunta, evidentemente, es ¿por qué?
¿Por qué el manga sigue siendo en blanco y negro? ¿Hay alguna razón de peso? Pues lo cierto, nakamas, es que sí. No es una decisión estética, que también, sino que tiene mucho que ver con los orígenes del género, la industria en sí misma y sí, la tradición. Vayamos por partes.
Los orígenes del manga

Siempre me gusta dar algo de contexto en temas como este, así que miremos un poquito al pasado. No por nada, sino porque entender los orígenes del género nos ayudará a ver las cosas con más (y mejor) perspectiva.
Las primeras referencias datan del siglo XII y XIII en el periodo Nara y las encontramos en los emakimono, una suerte de rollos con historias ilustradas. Una de las obras más conocidas es Chōjū-jinbutsu-giga. Durante el periodo Edo se publicó Toba Ehon, un libro de dibujos que también es considerado impulsor de este arte.

No obstante, no será hasta el siglo XVIII y XIX que el término “manga” se asiente gracias, en particular, a dos obras: Shiji no yukikai (del artista Santō Kyōden) y Manga hyakujo (de Aikawa Minwa). Podríamos seguir repasando la historia durante un buen rato, pero para lo que nos interesa tenemos que dar un salto importante y no poco triste, porque no es posible entender el manga actual sin hablar de la Segunda Guerra Mundial.
La Segunda Guerra Mundial supuso un duro golpe para Japón. Durante la ocupación estadounidense, el país se vio expuesto a una censura que prohibía la publicación de cualquier contenido que promoviese el nacionalismo, el militarismo o el bushido. Tras la guerra, el país necesitaba reconstruirse, encontrar una nueva identidad, y la población necesitaba entretenimiento.
Entretenimiento barato, concretamente.
El blanco y negro fue, por lo tanto, una decisión práctica y económica. Para que la empobrecida (aunque relativamente alfabetizada y culta) población pudiera acceder al entretenimiento, había que conseguir que fuese barato. Para ello, nada como el malísimo papel de periódico y el uso exclusivo de la tinta negra. Esto permitió vender revistas grandes, como la Weekly Shonen Magazine, la primera revista de manga semanal cuya primera edición data de marzo de 1959.
La industria del manga y sus exigentes ritmos

Uno de los autores, o mejor dicho, el autor (en mayúsculas y negritas) que sentó las bases del manga actual tal y como lo conocemos fue Osamu Tekuza. Durante este periodo de reconstrucción y renacimiento, Osamu Tekuza publicó Mighty Atom, obra que aquí conocemos como Astro Boy. Tekuza es considerado el dios del manga, aunque no podemos quitarle mérito a Machko Hasegawa, la primera mangaka, que también impulsó el género con Sazae-san.
Tekuza sentó las bases del manga que hoy conocemos. Sin un duro, sin papel bueno y sin colores, lo único que le quedaba al artista era su dibujo, así que optó por planos picados, de detalle, simulando movimiento… Si no tienes color, pues qué menos que darle vida a la obra a través del movimiento, la línea y el contraste.
Además de esto, el japonés decidió optar por hacer entregas semanales o quincenales, estableciendo así un ritmo de producción que a día de hoy todavía se mantiene. Eso nos lleva a la segunda razón por la que el manga sigue siendo en blanco y negro.

Un mangaka debe entregar entre 15 y 20 páginas semanales, algo absolutamente demencial. Por norma general, un manga popular tiene un equipo detrás que hace el capítulo por etapas: el autor principal suele dibujar el boceto, colocar las viñetas y marcar el ritmo de la trama. Luego se dibujan las figuras principales, se marcan los fondos, se entinta, se rellenan los negros, se aplican las tramas, en fin, que es un proceso en el que participan varias personas. Y aunque pueda no parecerlo, sorprendentemente estandarizado.
Llegar a tiempo es, en ocasiones, misión imposible. Imaginad si le añadimos color. Incluso con un equipo grande, el volumen de trabajo hace que el color se quede fuera de la ecuación.
Además, las revistas de manga como la Weekly Shonen Jump (donde se publica One Piece, por ejemplo) las compran personas jóvenes con ingresos nulos o bajos, por lo que la revista ha de ser barata. Estas revistas no solo siguen usando un papel más malo que el café de máquina, sino que son en blanco y negro para, así, mantener el coste bajo.

En pocas palabras, hacer el manga en blanco y negro permite mantener el precio bajo y que la rueda siga girando, es decir, que los autores y sus equipos puedan entregar los capítulos semanales a tiempo.
Si habéis llegado hasta aquí es posible que estés flipando en colores con los plazos. Es normal, y un problema para los mangakas. La industria del manga es muy exigente con los autores, que viven sometidos a unos niveles de estrés brutales. En ocasiones, letales.
Eiichiro Oda, el autor de One Piece, ha tenido que parar en varias ocasiones por problemas de salud derivados del trabajo. Kentaro Miura, autor de Berserk, murió por un problema cardiovascular derivado del estrés. Yoshihiro Togashi, autor de Hunter X Hunter, es conocido por sus larguísimas pausas derivadas del dolor de espalda crónico que sufre; y Sui Ishida, el autor de Tokyo Ghoul, llegó a reconocer que había perdido el sentido del gusto por culpa del estrés.
La cuestión estética
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Más allá de tiempo y del dinero, la realidad es que sigue habiendo un componente estético y tradicional. El manga es en blanco y negro porque así es el manga. El uso de la tinta japonesa es una tradición milenaria (Sumi-e, para los curiosos) y, además, permite una expresividad y unas licencias creativas que el color elimina de raíz.
De la misma forma que una novela escrita fuerza al lector a imaginar los escenarios, ponerle cara y voz a los personajes y montarse sus propias películas en la cabeza, el blanco y negro y, sobre todo, su contraste, hacen que el lector se centre en las líneas, en la composición de la viñeta y en el dibujo. Haced el ejercicio mental vosotros: coged un panel del arco del Eclipse de Berserk y metedle color en vuestra cabeza. Pierde, y muchísimo.

Esto mismo nos pasaría con obras como Akira o Vagabond (Inoue, si estás leyendo esto, hazme el favor y acaba Vagabond). Hay obras que han hecho del blanco y negro, del contraste, de la línea, del dibujo en general, su seña de identidad. Con color serían otra cosa. El trazo en blanco y negro, unido a los degradados y detalles grises basados en tramas, es infinitamente más expresivo que el dibujo a color.
Ahora bien, eso no quiere decir que el color no forme parte del universo manga. Por norma general, y salvo contadísimas excepciones, las portadas son siempre a color y, en algunas ocasiones, se suele celebrar un hito (la serialización de una obra, cierto volumen de ventas, la llegada a un tomo concreto...) con algunas páginas a color que siempre gustan. El color se deja, por lo tanto, para momentos especiales.
¿Y qué pasa con el manwha y el cómic americano?

Es sencillo. El manwha que conocemos y disfrutamos actualmente viene del formato webtoon. Mientras que en el manga el formato estrella es el papel, el manwha moderno nace y se crea para pantallas móviles y lectura en vertical. Los tomos de Solo Leveling, por ejemplo, son una adaptación a libro horizontal del formato original, que es vertical (y muy chulo, debo añadir).
El formato webtoon, en tanto que digital, no tiene limitaciones de coste de impresión. Además, la pantalla de un móvil o una tablet permite que el color sirva a la obra como recurso visual, además de mantener la atención del lector en un entorno con muchas distracciones.

En cuanto al cómic americano, su consolidación fue mucho más temprana. Mientras que el manga se asentó después de la Segunda Guerra Mundial, el cómic lo hizo en los años 30. Antes del cómic estaban las tiras de prensa dominicales, que ya usaban el color para llamar la atención de los lectores en los quioscos.
De recopilar esas tiras nacieron los cómics, que eran en color porque a diferencia del manga, que buscaba llevar el entretenimiento a las masas, estos buscaban llamar la atención del chaval que pasaba por enfrente del quiosco. El género de superhéroes fue la punta de lanza con Superman a la cabeza y, más tarde, Batman, Capitán América y Wonder Woman. Los héroes debían ser espectaculares, y eso pasaba sí o sí por aplicarles color.