Tenía una deuda pendiente con Naoki Urasawa. Tras haber completado Monster a finales del año pasado, obra de la que me también me gustaría escribir en algún momento y que se coloca tranquilamente en mi top personal, 20th Century Boys era la siguiente lectura obligatoria. Es, o mejor dicho, era de esos clásicos a los que todavía no le había hincado el diente y ahora, tras unos cuantos meses, al fin puedo decir que he terminado el manga.
Tremendo viaje, nakama.
Ya te adelanto que Monster me gustó más, quizá por ser algo más realista y menos fantástica que 20th Century Boys, pero este manga me ha encantado y no puedo hacer otra cosa que recomendarlo. Es que Monster es mucha tela, técnicamente me parece perfecta, pero dejemos la historia de Johan y el doctor Tenma para otro momento.
Desde la trama hasta el arte, pasando por lo humanos que se muestran sus personajes, 20th Century Boys se configura como un thriller apasionante, enrevesado, divertido y con uno de los villanos más carismáticos del género. Y a pesar de todo, imperfecto.
No es una lectura ligera y requiere que prestes atención, pero si te dejas llevar por la trama, ignoras sus fallitos y estás atento, vas a gozarlo de lo lindo.
Un pequeño resumen

No voy a entrar en la trama porque esta crítica es sin spoilers, pero quédate con lo siguiente. Imagina que tu grupo de amigos de la infancia tuviera un símbolo para representar a la pandilla.
Ahora imagina que en el presente uno de esos amigos aparece muerto junto a ese símbolo y que alguien, un desconocido, que dice tener poderes y ser un profeta, lo usa como logo de una secta con la que aspira a conquistar el mundo.
Ese villano es Amigo y nadie sabe quién es. Es Amigo, y ya, y seguirá así hasta bien, pero bien entrada la obra. Es un villano aterrador, de los mejores del género, no por ser fuerte o violento, sino por sus capacidades de manipulación, su carisma y su máscara (literal y figuradamente). El símbolo de Amigo es, como la marca del sacrificio de Berserk, uno de los iconos más reconocibles del manga en general y de los Seinen en particular.
Kenji, vamos a jugar

20th Century Boys nos propone una trama enrevesada que parte de algo tan inocente como un juego de niños y que nos transporta a una Japón de antaño representada con un nivel de detalle exquisito. Veremos el mundo cambiar a través de los diferentes saltos temporales, así como de los personajes. A Kenji, nuestro protagonista, lo conocemos en todas sus etapas de la vida y, como a Otcho y Kanna, lo veremos evolucionar y crecer.
Esta es, para mí, una de las grandes virtudes de Urasawa. No soy muy amigo de los saltos temporales porque tienden a desconcentrar y, mal traídos, diluyen la obra en tramas secundarias de relleno. No es el caso. Urasawa salta con nosotros de la mano entre 1969, 1997, 2000 y 2015 con una maestría brutal, enseñándonos cómo las decisiones de antaño se reflejan en el presente. En ningún momento te pierdes, y eso no es fácil de conseguir.
La construcción de personajes me parece exquisita. Kenji (el prota) no es un superhéroe, es un tío normal y corriente que toca la guitarra y que trabaja en una licorería. No tiene nada de especial, como tampoco lo tienen los demás, pero es listo, dedicado, bondadoso, amigo de sus amigos, y sabe la verdad. Es fácil empatizar con él y con su lucha. Y sabes que es así cuando, de un momento a otro de la obra, Kenji desaparece y no puedes dejar de pensar en él.

Amigo (el malo de esta historia) no es Darth Vader. No es malo por ser malo, es un manipulador cuya maldad nace de la soledad, del vacío existencial y de la necesidad de atención. Todo vuelve a la infancia, a los amigos imaginarios, a las películas que todos nos montábamos cuando éramos pequeños y nos sentíamos solos. Amigo, simplemente, lo hace real y está dispuesto a llevarse al mundo por delante si así consigue su objetivo, que no voy a decir cuál es. El propio símbolo de Amigo es eso, una perversión de la infancia fruto de los traumas.
El dibujo es brutal, no solo por lo detallado de los trazos, sino por las expresiones faciales. Hay paneles que dicen mucho más por las caras de los personajes que por los propios textos. Urasawa consigue que sus personajes envejezcan y crezcan sin perder un ápice de identidad. Pero además, está el simbolismo.

La guitarra, el símbolo de Amigo, la canción de Kenji, el robot gigante, la base secreta, todo ello esconde detrás un significado que solo cobra sentido al final. Cuando se descubra todo lo que hay detrás de Amigo y su origen, vuelve atrás y revisa los primeros tomos. Te darás cuenta de que la verdad siempre estuvo ahí y que nada era lo que parecía. Para mí, el robot gigante es el ejemplo perfecto de lo que esta obra nos quiere transmitir: que siempre hay truco.
20th Century Boys es de esos mangas que se cocinan a fuego lento y que, como te decía, requieren de cierta atención y compromiso por tu parte. Empieza muy fuerte, el segundo acto cae un poquito (hasta que arranca...) y hay algunos deus ex machina que es mejor asumir y no pensarlos mucho. Por ejemplo, los encuentros fortuitos en el pasado o todo lo que pasa con Kanna. Podemos verlo de dos formas: como una profecía o algo que está escrito o, lo que yo creo, que Urasawa llegó a complicar tanto las cosas que tuvo que salir del paso como buenamente pudo.
El final

Cuando llegues al final de 20th Century Boys te vas a quedar completamente descolocado. ¿Por qué? Porque 20th Century Boys no acaba en el último tomo, sino que sigue en 21st Century Boys. Digamos que es una secuela de 16 capítulos, una "parte 2", si lo quieres llamar así. Y sí, hay que leerlos. Si quieres entender el final de la obra, hay que leerse esta secuela que puedes encontrar recopilada en un tomo único. En él se queda todo relativamente cerradito, entre comillas.
El final es extremadamente polarizante. O te gusta o lo odias, no tiene término medio. A mí me da la impresión de que 21st Century Boys no tendría que haber existido, pero Urasawa tuvo que hacerlo para darle sentido al final. Y cuando lo lees dices "bueno, vale, ok, me lo creo, pero...". No es un final justo porque llegas a él habiendo estado toda la obra en desventaja sin saberlo. Ya lo entenderás.
Desde mi punto de vista, no es un final a la altura de la obra e imagino que los que siguiesen la serialización hace años se quedarían con un sabor agridulce en la boca. Hay cosas que se quedan sin explicar, cosas que se explican de aquella manera, etc. No obstante, si quitas eso, te dejas llevar por esos deus ex machina que mencionamos y te lo tomas como lo que es, un viaje, 20th Century Boys alcanza sin duda el estado de obra maestra.
Puedes encontrar la obra completa en 11 volúmenes recopilatorios en formato Kanzenban, mientras que 21st Century Boys se puede conseguir en un único volumen que incluye los dos tomos. Si quieres leer más, aquí tienes la reseña de Oyasumi Punpun.